Volvió a tomar mi cabeza entre sus manos. No pude respirar. Vaciló... no de la forma habitual, no de una forma humana, no de la manera en que un hombre podía vacilar antes de besar a una mujer para calibrar su reacción e intuir cómo le recibiría. Tal vez vacilaría para prolongar el momento, ese momento ideal previo, muchas veces mejor que el mismo beso.
Entonces sus fríos labios
presionaron muy suavemente
los míos...

















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